El diario de...

 

EL DIARIO DE...


En esta entrada, me adentraré en la historia a través de ojos de figuras femeninas que dejaron una huella significativa, pero cuyas voces a menudo han quedado silenciadas. A través de relatos ficticios de sus diarios, exploraré sus pensamientos, emociones y desafíos, ofreciéndoles una nueva perspectiva que permita conocerlas más allá de los hechos históricos.


Diario de Frida Kahlo:


(En esta entrada ficticia, intento capturar la lucha interna de Frida Kahlo entre su dolor físico y emocional, especialmente con respecto a su relación con Diego Rivera y su constante conexión con el arte como forma de autoterapia. Frida era conocida por sus fuertes emociones y su compleja relación con el sufrimiento, lo que la inspiraba a pintar de una manera tan visceral):

Fecha: 14 de diciembre de 1944

Querido diario,

Hoy el dolor me ha acompañado como una sombra, como siempre. Las operaciones, las cicatrices que ya no sanan, pero que el cuerpo sigue recordando, siguen gritando. A veces me pregunto si alguna vez dejaré de vivir con este cuerpo que me traiciona, que nunca ha sido mío del todo. ¿Por qué? ¿Por qué siempre el sufrimiento? Pero, como siempre, mi arte es el refugio que encuentro cuando el mundo se torna demasiado insoportable. A veces el pincel parece ser el único amigo que me entiende, el único que no me juzga por estar rota por dentro y por fuera.

Hoy, la idea del dolor físico, ese dolor que nunca me abandona, se mezcló con una emoción aún más grande: la tristeza por lo que soy y lo que podría haber sido. Diego ha estado distante últimamente, y aunque trato de no pensar en ello, siento cómo se me quema el alma. La relación con él, a veces un fuego ardiente, otras veces una llama que se apaga, parece ser mi prueba más difícil. No sé si el amor se ha ido o si es que, a veces, simplemente duele amar demasiado. Diego, mi vida, mi arte, mi amor, ¿por qué tienes que ser tan distante? Mi corazón, dividido entre la pasión y la lucha, me pide a gritos algo que no logro escuchar.

Hoy pasé horas frente al espejo, como siempre lo hago, buscando algo más allá de las imperfecciones que me definen. He pintado mis cejas de nuevo, mis labios rojos. Cada trazo es una batalla contra lo que veo, una forma de aceptar lo que soy, o al menos intentarlo. Me miro y me veo como una mujer rota, con una sonrisa rota, pero no quiero que el mundo lo vea.

A veces me siento atrapada entre dos mundos. El dolor físico y el dolor emocional parecen fusionarse en mi cuerpo. Como si mi alma necesitara gritar lo que mi cuerpo no puede. Mi ser entero se encuentra en ese constante tira y afloja entre el amor y la desesperación, la alegría y la pena. La vida me dio muchas cicatrices, algunas de las cuales las puedo mostrar con orgullo, pero otras siguen ocultas, dentro de mí.

Hoy, mientras pintaba, pensé en algo que me dijo mi madre cuando era niña. "Frida, eres diferente. No te preocupes por lo que no puedes hacer, solo haz lo que puedas con lo que tienes." Es un pensamiento que me queda en la cabeza, y me esfuerzo por mantenerlo vivo. Tal vez mis obras no puedan curarme, pero me dan una razón para seguir adelante, para seguir respirando, para seguir luchando. Si el dolor no se va, si Diego no regresa, al menos puedo seguir pintando mi dolor, mis sueños, mis miedos. Quizás en ellos encuentre lo que busco, aunque sea solo por un momento.

Mañana me pondré otro vestido de colores, y mi rostro será otra vez el lienzo que me permita gritar sin palabras, sin miedo, sin vergüenza. Porque este dolor que siento no es solo mío, es el de todas las mujeres que luchan por ser ellas mismas. Mi cuerpo es mi lienzo, y en él, encontraré mi libertad.

Con amor eterno,
Frida





Diario de Clara Schumann:




(Clara Schumann luchó con las tensiones que enfrentó como mujer artista en el siglo XIX, particularmente en relación con su carrera como pianista y compositora, y su papel como madre y esposa. A pesar de su increíble talento, su música a menudo fue eclipsada por la fama de su esposo, Robert Schumann, y por las expectativas sociales de la época sobre las mujeres. La entrada refleja sus sentimientos de frustración, pero también su determinación y amor por la música, que la llevó a seguir componiendo y actuando, a pesar de los obstáculos):

Fecha: 5 de marzo de 1850

Querido diario,

Hoy, después de dar otro recital en Leipzig, me siento agotada, tanto física como emocionalmente. La sala estaba llena, como siempre, y el público aplaudió con entusiasmo, pero hay algo dentro de mí que no se puede llenar con la aprobación ajena. La música que interpreto siempre resuena en mí, pero ¿es suficiente? ¿Es suficiente ser aplaudida por ser una mujer virtuosa, o será que, en el fondo, sigo siendo solo la esposa de Robert Schumann, la que toca pero no compone con la misma libertad que los hombres?

Robert, mi querido Robert ha sido mi compañero, mi soporte, pero también la fuente de muchas de mis dudas. Cuando comenzamos nuestra vida juntos, me sentí tan llena de amor y esperanza, tan segura de que juntos podríamos conquistar el mundo de la música. Pero a veces siento que me ha dejado en su sombra. Mi obra es mía, y sin embargo, su sombra siempre me sigue. No es que no lo ame, pero a veces siento que mi alma, mi música, mi esfuerzo, no son vistos con los mismos ojos que los suyos. ¿Acaso el ser mujer me impide componer con la libertad que él tiene? Las composiciones de Robert están siendo interpretadas y apreciadas por todo el mundo, pero ¿mis obras? Mi música sigue siendo vista como un reflejo de su talento, y no como algo propio, único. ¿Algún día seré reconocida por lo que soy, por lo que he creado, o siempre seré solo la esposa que toca el piano en la sala de conciertos?

Me levanto todos los días y compongo. La música es mi pasión, mi escape, mi vida. Pero soy consciente de que no es suficiente para el mundo. En mis momentos de duda, veo a mis hijos, tan pequeños aún, y me doy cuenta de que todo lo que hago, todo lo que soy, está entrelazado con las exigencias de ser madre. La educación de los niños, el hogar, la música... todo se mezcla y se dispersa, y siento que siempre hay algo más que quiero dar pero que no puedo alcanzar. Si tan solo pudiera componer sin el peso de ser madre y esposa, si tan solo pudiera ser tomada en serio sin las expectativas que el mundo tiene sobre mí solo por ser mujer.

Y, sin embargo, el piano sigue llamándome. Es mi único refugio, mi único lugar donde puedo expresarme sin pedir permiso. Cuando toco, el tiempo parece detenerse. Es en esos momentos cuando siento que soy completamente libre, aunque sea por un rato. La música no me pide que sea madre, esposa o hija. Me pide que sea Clara, que sea yo misma, sin restricciones.

A veces me siento atrapada entre el amor por mi familia y la necesidad de ser reconocida por lo que soy como artista. Me da miedo que mi música nunca logre la misma importancia que la de los grandes compositores hombres de mi tiempo. Pero no puedo dejar de componer. No puedo dejar de luchar por mi lugar en la música. Si el mundo no me da la oportunidad, entonces tendré que seguir luchando, seguir tocando y componiendo en la sombra hasta que la luz finalmente se haga sobre mi trabajo.

Mañana tengo otro recital. Los nervios siempre están presentes, pero también una pequeña chispa de esperanza. Quizá algún día, cuando mis hijos crezcan y el peso de ser madre ya no sea tan grande, encontraré mi lugar en la historia, no solo como la esposa de Robert Schumann, sino como Clara Schumann, la compositora que fue capaz de crear su propio legado.

Con todo mi ser,
Clara


Diario de Harriet Tubman:



(Esta entrada se centra en el sentimiento de determinación y sacrificio de Harriet Tubman, mientras mantiene la emoción de su lucha y el desafío constante que significaba guiar a los esclavos hacia la libertad):

Fecha: 3 de octubre de 1851

Querido diario,

La noche ha sido larga y difícil, pero hemos avanzado, como siempre. Hoy guié a once personas hacia el norte, hacia la libertad. Cada paso que damos es un riesgo, pero el miedo no tiene cabida en esta lucha. Lo que me da fuerzas no es solo el deseo de salvarnos a nosotros, sino el pensamiento constante de los miles de hombres y mujeres que siguen atrapados en la oscuridad de la esclavitud.

A menudo, mientras camino, pienso en el precio que pagamos por la libertad. Los recuerdos de mi propia vida en la plantación me acechan, pero hay algo más fuerte que el dolor: la certeza de que lo que hago es justo. No soy una mujer que huye, soy una mujer que lucha, que abre el camino. No puedo quedarme quieta mientras mis hermanos y hermanas viven en la opresión. Mi corazón, roto tantas veces, se fortalece cada vez que veo una cara llena de esperanza, incluso cuando no podemos ver lo que hay más allá de la oscuridad.

Hoy, uno de los jóvenes a quien guiaba me preguntó, con voz temblorosa, si realmente seríamos libres algún día. Miré sus ojos, llenos de incertidumbre, y le respondí que sí. La libertad es nuestra, aunque el camino sea largo y difícil. Cada vez que alguien cruza esa frontera, cada vez que un hombre o una mujer escapa de la cadena, el peso de la opresión disminuye un poco más.

Pero también sé que no todos llegarán. Algunos caerán, algunos serán capturados, y los recuerdos de sus sufrimientos me acompañarán siempre. Hoy sentí el peso de esa carga, la desesperación por no poder salvar a todos, por no poder liberar a mi madre ni a mis hermanos. Pero, si algo he aprendido, es que la lucha no termina en la libertad de unos pocos, sino en la lucha por la libertad de todos.

Hoy, mientras cruzábamos el río, me sentí más fuerte. No solo por el esfuerzo físico de la travesía, sino porque, por fin, comprendí algo: estoy construyendo un futuro. No solo para los que guío, sino para todos los que vendrán después. Cada acción, cada respiro, es una semilla que siembra un camino que otros seguirán. Y por eso seguiré adelante, porque esta guerra por la libertad, aunque silenciosa, no se libra en vano.

Con valentía,
Harriet Tubman



Reflexión personal:

A lo largo de la historia, la narrativa ha sido dominada por las voces de figuras que, en su mayoría, han pertenecido a grupos privilegiados: hombres, especialmente aquellos de clase alta o de poder político y social. Las historias que conocemos, muchas veces, han sido contadas desde una perspectiva masculina, dejando en las sombras las vivencias y aportes de las mujeres, especialmente aquellas que, como muchas de las figuras históricas que he explorado, han jugado papeles cruciales en el desarrollo de la humanidad, pero cuya importancia ha sido sistemáticamente minimizada o silenciada.

Indagar en la historia desde otra perspectiva, centrada en las vivencias, pensamientos y sentimientos de figuras históricas femeninas, creo que es una forma de recuperar esas voces que han sido suprimidas. Al crear relatos ficticios de estos personajes, no solo podríamos explorar sus acciones y logros, sino también sus emociones, miedos, conflictos internos y las dificultades que enfrentaron debido a su género. Esta es una manera de acercarnos a una realidad más completa, más rica y más cercana a lo que realmente ocurrió, porque no se trata solo de hechos fríos y objetivos, sino de las vidas humanas que fueron parte de esos hechos.

Por ejemplo, al imaginar los diarios de figuras como Harriet Tubman o Clara Schumann, no solo recuperamos sus historias de lucha y triunfo, sino que también damos visibilidad a las emociones y pensamientos que, muchas veces, se ocultan en la documentación histórica tradicional. Es fácil centrarse en los logros visibles y tangibles, pero las emociones, las motivaciones personales, las dificultades internas y las barreras sociales que enfrentaron las mujeres de su tiempo, son aspectos igualmente cruciales para comprender la magnitud de su legado.

En un mundo donde las mujeres históricas a menudo se han visto relegadas a un segundo plano o han sido reducidas a estereotipos, esta forma de escribir sus historias desde una perspectiva más íntima y reflexiva puede ser fundamental para reconocer dignamente su grandeza. Las mujeres, a lo largo de la historia, han sido líderes, pensadoras, creadoras, luchadoras y visionarias, pero sus historias se han desdibujado en los márgenes, a menudo confinadas a roles secundarios o invisibles.

Este formato, estos diarios ficticios, son, en definitiva, una forma de democratizar la historia. Una forma de cuestionar los relatos oficiales, de desafiar las narrativas unilaterales que solo reflejan las perspectivas de unos pocos. Al hacerlo, no solo rescatamos el papel fundamental de las mujeres en la historia, sino que también humanizamos el proceso histórico, dándole rostro y voz a aquellos que han sido olvidados, silenciados o simplemente ignorados. Esta labor de reescribir la historia desde otra perspectiva no solo pretende dar valor a nuestro entendimiento del pasado, sino que también abre puertas a una mayor inclusión y justicia en nuestra manera de entender el presente y el futuro.

Al final, la historia no es solo lo que ha ocurrido, sino lo que elegimos recordar, contar y enseñar. Y al darle voz a las figuras femeninas que han sido calladas, estamos reescribiendo esa historia de una forma más justa, completa y humana.

Sin embargo, aunque en este caso he elegido centrarme en los papeles femeninos dentro de la historia, dado que considero que a día de hoy continuamos sin hacerle justicia a la labor, al valor y la dignidad de las mujeres de la historia (y de la actualidad); esta forma de indagar en el pasado también es válida y enriquecedora para profundizar en cualquier figura relevante, independientemente de su género. Ya sea hombre o mujer. Pues, cada persona que ha dejado una huella significativa en la historia tiene una humanidad que va más allá de sus logros, una complejidad emocional que merece ser explorada. De esta manera podríamos aprender historia a través de una perspectiva más cercana y humana y tendríamos la posibilidad de conocer y empatizar mejor con figuras históricas como: Alejandro Magno, Juana de Arco, Thomas Edison, Winston Churchill, Anne Frank, Albert Einstein, Napoleón Bonaparte, Marie Curie, Simone de Beauvoir, Virginia Woolf, Sophie Scholl, Francesca Caccini, Nelson Mandela, Winston Churchill, Ada Lovelace, Katherine Johnson, Leonardo da Vinci, Che Guevara, Rosa Parks, Sócrates, Vincent van Gogh y cientos y cientos más.

Álex González Pose


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